Publicado hace 2 semanas
La compañía de nuestros fantasmas suele ser el mejor escape a una vana realidad que no debería de existir.
Alexis Herrera.
Publicado hace 3 semanas

¿Por qué no me tocó vivir en esta época?

Publicado hace 3 semanas

La mariposa azul

Ciudad de Nueva York, 18 de junio de 1947.

Whisky, era lo único que necesitaba. El día empezó como cualquier otro, despertándome en la silla de mi oficina con una botella de Bourbon Kentucky, la garganta seca y la cabeza doliendo como si dos campanas de iglesia la hubieran atormentado la noche anterior. Mi secretaria había entrado en la oficina, abriendo las ventanas, dejando que los primeros rayos del sol se posaran en mis párpados.

-Demonios Mr. Flynn, ¿Para qué tener un departamento si se queda dormido en su oficina cada noche?-Decía con voz sarcástica

-Así nunca llego tarde al trabajo, de todas maneras, ¿Qué es lo que tenemos?

-Tenemos a una posible clienta, así que sé amable.

Una clienta, es verdad, mi trabajo era peculiar, un detective privado en esta enorme ciudad. Otro día más en la ciudad de Manhattan, hasta que ella entró con un caso que cambiaría toda mi vida. Llevaba sandalias de tacón y una falta a cuadros, acompañada de un suéter rojo. Podía ver que aquella pelirroja era una paleta recién salida de una mazorca. Su nombre era Sally Mulqueen. Acababa de casarse y lucía nerviosa mientras hablaba conmigo. La saludé y como era costumbré le pregunté a qué había venido. Ella dijo que había convencido a su marido de pasar su luna de miel en Manhattan, pero no por escalar rascacielos o ver espectáculos en Broadway. Ella tenía otras intenciones. Me extendió la fotografía de su hermana, Vera Mcqueen. Y entonces fue cuando la vi. Mirando esa fotografía, lo único que podía pensar era: que mujer tan hermosa.

No debía de sorprenderme que cada día llegaba un nuevo caso a mi oficina, entre esposas celosas, amantes con miedo o personas desaparecidas. Cosas extrañas pasaban todos los días en esta ciudad. Por la noche, mi última parada fue en el club Penny Baker; esperaba que mi intérprete favorito, Satchmo estuviera tocando pero ni hubo suerte. Pero no me podía quejar porque Betsy Sinclair estaba allí, con esa voz que me hacía elevar hacía el infinito, eso sonaba de maravilla. Entonces me acerqué a la barra.

-Whisky-. Pedí al hombre que me atendía. No me sorprendería que en esos andares hicieran intimidarme, aunque solamente era un poco. Pero sabía muy bien en dónde encontrar mi medicina.- Quizá puedas ayudarme, estoy buscando a una dama-. Le comenté después de que me sirvió aquella copa.

-¿Acaso no lo hacemos todos?-Contestó sin errar.

-Esta es especial-. En ese momento le extendí aquella fotografía que me habían entregado, la fotografía de Vera Mcqueen.-¿La conoces?-Pregunté.

-¿Conocerla? La estoy mirando- Me respondió mientras sus ojos se posaban en la entrada de aquel elegante club.

Ahí estaba. Ella entraba y mi mente solamente pudo pensar: ¿Y dónde has estado toda mi vida? Pero, ¿En qué estaba pensando? Aquella dama era un problema con piernas. No paraba de repetirme a mí mismo que debía apartar la mirada. Ella estaba con Tom Depsey, ¡Por el amor de Dios! El más despiadado jefe de la mafia que Nueva York había parido. Dempsey se dio cuenta y envió a dos de sus gorilas; a un irlandés y a un cubano prestado de alguna familia mafiosa de La Habana. Me decían que el jefe quería verme y les contesté que mi carnet de baile estaba lleno esa noche. De un momento a otro los golpes sobre mi cuerpo no paraban. Dempsey me obligaba a recibir cada uno de sus puños en todas partes, apenas y pude defenderme aventando unos tres golpes al aire que tal vez habían topado con algún muro, pues el dolor en mis nudillos era insoportable. Las mesas se caían, las copas se rompían y cuando me di cuenta estaba siendo aventado hacia los botes de basura en el callejón de la parte de atrás del club. Yo solamente me preguntaba, ¿Valió la pena? Mientras me reponía y mi sombrero regresaba a mi cabeza, aquella hermosa dama salió corriendo hacia a mí. Sí, ella había valido cada puñetazo.

-¿Estás herido?-Preguntó un poco interesada.

-¿Qué?¿Esto? No es nada, hubieras visto lo que mi cara le hizo a su puño-.Contesté con una mirada seria.

-¿Cómo te llamas, tipo rudo?-Dijo mientras sonreía.

-¿Acaso eso importa?-Y justo en ese momento aquellos dos gorilas de Dempesey fueron a buscarla.

Publicado hace 1 mes
¿Entre más frío más ateos?

¿Entre más frío más ateos?

Publicado hace 2 meses
El enamoramiento es esa pistola con la que todos nos suicidamos alguna vez.
Publicado hace 2 meses

Mi canción favorita… Playa Maguadel.

Qué gusto verte otra vez.

Sé que algún día encontraré ese lugar y sé que lo hallaré con esa persona.

Publicado hace 2 meses

Las mariposas en el estómago son cosa del pasado. Al menos yo, siento esto cuando presiento querer de más a alguien. Como ahora, por ejemplo.

Publicado hace 2 meses

Soy malo para escribir poesía, de hecho no me gusta hacerlo pero, ¿de qué otra manera un hombre puede expresar sus sentimientos cuando no quiere demostrarlos? Sí, es una manera cobarde de hacerlo.

Anoche nos soñé. Estábamos a miles de lunas de distancia y el reloj no hacía más que esperarnos, esperarnos como ya era su costumbré. Alguna vez coincidimos, fue en el pasado pero los recuerdos vagos no sirven para crear nuevas historias; sé que nos encontramos porque nunca pude borrar la imagen de nuestra historia en tus lunares ni la armonía perfecta de tu risa. Todo se encontraba arraigado en mí como un perfume imposible de borrar. Sé que es tonto pensar que con palabras absurdas como éstas pueda remplazar la sensación de ahogarme en lo profundo de tu piel, es absurdo creer que puedo provocar emociones omitiendo un poco de pudor literario. 

No me gustaría pensar que eres como las olas del mar, te vas y vienes pero nunca te quedas… Me gustaría regresar al pasado, con aquellas historias simples en las que un final parece tan lejano que es imposible de alcanzar. Me gustaría unir tus lunares y encontrar nuestros nombres en tu ser. Me gustaría imaginar tantas cosas pero mi cabeza no deja de pensar en un futuro incierto.

Mientras tanto, todo el año se ha vuelto un otoño increíble desde que te encontré… No sé porqué es mi estación favorita, el matiz cálido hace de mis emociones una sed insaciable de querer imaginarnos en otra vida. La gente dice que eso no es posible, pero siempre se equivocan.

Publicado hace 2 meses
De saber que existías no te hubiera soñado tanto.
Alexis Herrera.
Publicado hace 2 meses

Todo cambia

Todo cambia. Una afirmación tan extraña e inequívoca que se ha estado cumpliendo a lo largo del tiempo, tal cual ley. Todo cambia, las personas, los países, las vidas, las maneras de pensar, los deseos, las metas, etc. Pondré como un ejemplo mi vida.

Así es, de pequeño era un fanático loco por el fútbol, hace casi ya diez años; un día sufrí una fractura en el tobillo y lo dejé por mucho tiempo, tenía apenas diez años… ¿Cómo le dicen a un pequeño que no puede seguir haciendo lo que más le gusta? Como sea mis padres lo supieron llevar, al igual que yo. Tiempo después entré a una escuela de música, empecé a aprender el arte de la guitarra a los 12 años; me fascinaba, realmente podía escapar de diversas realidades componiendo, interpretando o simplemente escuchando música. Al principio era perfecto pero mis padres no sabían apreciar este arte, es decir, escuchaban música por supuesto, pero ni de locos iban a dejar que me dedicase a eso; tenía discusiones muy acaloradas con ellos, hasta que un día les dije: “Tal vez no pueda vivir de la música, pero estoy seguro que no podría vivir sin hacerla”. Ellos se callaron y se dieron cuenta que su hijo de dieciséis años estaba madurando. Luego intenté aprender a respetar y tocar al maestro de los instrumentos: el piano. Él sólo se burló de mí y terminé dejándolo, dejando todo a un segundo plano. Sólo diré que me arrepiento de haberlo hecho. En las vacaciones del año pasado cursé un taller de tres meses para “aprender a escribir”; sí, así de raro… Poesía, narración, relatos, crónica. Todo tipo de texto literario, me gustó mucho pero siento que no es lo mío. 

Por ahora lo que más me importa es mi carrera, aunque ¿realmente quiero que eso sea lo principal? Muchas veces quiero acabar con este tipo de vida, terminar con las expectativas que la gente espera de mí y simplemente hacer lo que amo. Mi momento perfecto es mirar al cielo, recostado y con una melodía a piano rondando mi cabeza; imaginando la vida perfecta que no puedo lograr, al menos en esta dimensión.

No creo en el destino, no creo en algún Dios, no creo en supersticiones… Para bien o para mal creo en la gente, en mí; aunque muchas veces me arrepienta de hacerlo.

¿Soy diferente? Es muy probable, no mucha gente piensa (en este sentido) igual que yo. Tal vez sea lo mejor, pues si todos fueran idealistas, como yo, y soñadores no tendría sentido este mundo.

Sería estúpido pensar que quiero cambiar, ¡Qué diablos! Me gusta ser así, contrastar con los demás. Mucha gente no lo entenderá nunca y no tienen porqué hacerlo. Por lo pronto me queda esperar a que alguien me acompañe a algún escenario surrealista nadando entre aves o conversando con peces mientras escribimos una historia con cada constelación…